martes 30 de junio de 2009

Minicuentos existenciales

I
- Si te envenenan, haz todo lo posible por no morirte antes de que vuelva a la casa, no quiero que entren ladrones. Dijo el amo insensible a su perro guardián. El perro movió la cola y le miró cariñosamente sin saber o entender las terribles palabras que habían salido de la boca de su “mejor amigo”.

II
Tengo miedo de tener miedo el día que llegue mi muerte. Y es por que soy un alma brillante e inmortal encerrada en carne moribunda, embutida en comida para gusanos. No digo que quiera o no quiera morir, esa no es mi decisión, mas el parangón de la agonía es la festividad enorme de la muerte.

III
Si Dios existe, si es tan todopoderoso... ¿podrá crear una roca tan grande y tan pesada que ni el mismo pueda levantar?
.
IV
Instinto. ¿Somos cazadores o somos presa? Instinto.

lunes 8 de junio de 2009

Recuerdos de una fiesta triste

Esa noche, y como todas las otras, la gente reía, escuchaba música; a cada rato sonaba el timbre, el dueño de casa abría la puerta y entraba otro de nuestros amigos… sin embargo no era quien yo esperaba… Y así continúa la fiesta, todos felices, todos tranquilos, menos yo… mi teléfono también, sonaba una y otra vez, pero no era ella quien llamaba, eran todos, menos ella.
Risas, cantos, bromas y yo ajeno a todo eso… dejándome una triste barba que aún no termina de crecer del todo… esperando que mientras más larga esté, menor sea mi tristeza. Pero no es así… para nada…
Ya ha pasado un buen tiempo y aún no me llama, aún no me habla… aún no llega a la fiesta para hacer que ésta sea más feliz para mi…Todas las noches la espero, no sé si algún día volverá. No sé… pero la espero.

miércoles 6 de mayo de 2009

Minicuentos de cólera

I
Los malditos bastardos celebraban sus glorias, los desgraciados bastardos le procuraban esa gloria a los malditos bastardos, los malditos bastardos comían de la vida de los desgraciados bastardos. Y así continúa la simbiosis entre bastardos.

II
El minusválido gritaba por las cosas que le habían arrebatado. Su teléfono, su libreta llena de hermosas poesías escritas a mano, su grabadora en la que tenía registrada cada uno de sus pensamientos, su manzana, pobre almuerzo para ese día.
El ladrón corría, corría, con todas las fuerzas que tenía en sus piernas, el hijo de puta reía con la felicidad que le otorga la vida. El minusválido le gritaba garabatos muy poco poéticos.

III
El enorme libro negro, ese colmado de mentiras, ese mismito, sí, el que tiene una cruz dorada en su portada, ese que tiene dos columnas en sus hojas, ese que fue escrito por hombres que necesitaban aprovecharse de la ignorancia del pueblo y, mediante maleficios “divinos”, mantener a la gente a raya para que se comportara de forma “decente”, sin fornicar, ni robar, ni mentir, ni robar, ni pelar al prójimo. Ese que te pide dar la otra mejilla después de ser abofeteado, ese que te pide que perdones setenta veces siete, ese que cuenta de resurrecciones, de milagros, de sanaciones milagrosas, ese que cuenta la historia del demente enajenado suicida que multiplicaba los panes y los peces, que convertía el agua en vino, ese que te dice que el fin del mundo se aproxima, así que más te vale estar “atento y portándote bien”. Ese que habla de un dios que se quedó dormido, o tal vez murió, o tal vez, sólo tal vez, nunca existió.

lunes 30 de marzo de 2009

Deseo y más deseo... (I parte... y única)


Su olor era la cosa más sensual que percibieron mis sentidos alguna vez, su piel era blanca y cabellos negros adornaban su tez. Un largo, delgado y refinado cuello hacía de puente a su cuerpo glorioso. No puedo decir que era la mujer de medidas perfectas, pero sí lo era para mí. ¡Qué mujer era ella! Miles de veces la imaginé desnuda rindiendo sus placeres a mi cuerpo y mis regocijos. Me soñaba fotografiando su cuerpo desnudo sin llegar a la vulgaridad de lo porno… sólo su piel, no su carne.
Alguna vez bajo la lluvia nos besamos y me sentí en la gloria, mis sueños escalaban una gran cima de limitaciones. Pasó el tiempo y nuestros encuentros fueron más cercanos, fueron más sexuales, juego tras juego nuestras intimidades se aproximaban… ¡Qué delicia de espera! ¡Cómo deseaba ese cuerpo y todos sus secretos!
Fue una noche de juerga llena de aromas de ron y cigarros cuando por fin pude tocar su más preciado tesoro y pude sentir la fragancia de sus placeres.
Tocaba su cuerpo y la besaba apasionadamente mientras terminábamos lo que quedaba en la botella de ron. Mi cuerpo dolía de ansias, mis ojos ardían en desespero.
Afortunadamente, y como nunca, mi casa estaba limpia y ordenada. Entramos cual estampida a la habitación que sería testigo de nuestra jornada de sexo y entrega.
La miré a los ojos con la intensidad del sol, y comencé a desnudarla, le besé el cuello y sus labios que ya no soportaban el calor del aún más cercano sexo.
- Puedes apagar la luz- me dice poniendo atajo a mi tan ansiada incursión.
- Claro, si es así como tu prefieres- le respondí a regañadientes pero aún así creyendo en una inesperada sorpresa. Torpemente se despojó de sus vestimentas, decepcionado fui al baño para ver mi aspecto, lavé mis dientes y cuando salí, la tenue luz que invadió la habitación fue motivo para que rápidamente se cubriera con las sábanas. Su reacción fue como de araña venenosa procurando las sombras. Soy hombre, por la mierda, pensé. Quiero conocer su desnudez, quiero ver la unión carnal de nuestros cuerpos. Soy hombre…
Me recosté a su lado y comencé a besarla nuevamente mientras acariciaba sus pechos alternando las caricias en su entrepierna, con mis labios fui bajando poco a poco y al llegar a sus senos una rápida mano frenó esta acción, ya no sabía qué mierda pensar, hice como si nada hubiese ocurrido y continué besando su vientre que se contraía y expandía de deseo. Ya bajando del ombligo, sus piernas me cerraron el camino que llegaba hasta el destino con el cual soñé tantas veces.
- ¿Puedo encender la luz para verte?- le pregunté con decisión.
- ¿Para qué?
- Porque he deseado verte desnuda desde que te conocí.
- No, déjala apagada, por favor.
- ¿Sabes?
- Dime…
- Tu excesivo pudor se subordina a mis instintos voyeristas.
- ¿Qué quieres decir?
- Nada, no quise decir nada- le dije aún más decepcionado. Olvídalo.
- No, dime… no me dejes con la duda.
- No importa, repentinamente me bajó un sueño atroz. Dejemos esto para otra ocasión.
- ¿Me vas a dejar con las ganas?
- Sí, así parece... buenas noches.
- Anda a dejarme a mi casa.
- Pide un taxi.
- Maricón de mierda, impotente, de seguro ya ni se te para.
- Buenas noches.
Un silencio de cementerio invadió la alcoba y por más de diez minutos sólo se escuchaban los vehículos que pasaban por fuera. De pronto una mano traviesa se adueñó de mis partes íntimas y comenzó a jugar lascivamente con ellas. ¡Qué exquisito, qué delicia! Placer y más placer… deseo al por mayor.
Lamentablemente ya no habría nuevas posibilidades con la musa de mis deseos... lamentablemente la mano traviesa no era de ella, era la mía. Para variar.

martes 23 de diciembre de 2008

De sueños y pensamientos

Tengo rabia… estoy emputecido. Pero no lo disfruto… Raro… bien raro. Parece que mientras más años tengo, el animal que llevo dentro se torna más calmo. Esa fiera que ataca hasta la muerte a su oponente y luego se alimenta de su cadáver está dormida o recién despertando, serena. Raro… Mis extremidades se doblan de debilidad al pensarlo.
No es que antes haya sido un brutal asesino. No, para nada, creo que era más bien un suicida amante del dolor propio, pero ahora no lo soy. ¿Habré madurado? ¿Es posible madurar? ¿O es sólo la excusa pusilánime que nos damos para justificar nuestra conducta mediocre carente de pasión?
No soy yo y a la vez si lo soy. Sólo que el animal está amarrado del cuello con una cadena muy corta. Y para colmo un bozal. No puedo gruñir, aullar, ladrar… ni siquiera maullar. Mal. Pero soy yo. Yo.
Mis puños bajaron la guardia, mis pies no se despegan del piso para dañar. Sólo para dar pasitos hasta llegar al auto, que me lleva al trabajo, salir a fumar miles de veces en un día, caminar nuevamente al auto para dejar mi ablandado cuerpo nuevamente en mi casa y tomarme un puto descanso. ¡Cómo si necesitara descansar! ¡Si no estoy cansado por la puta madre! Sólo estoy siendo mamón. Llorón pensante. Artesano de las debilidades. Amante del odio a los eufemismos románticos y literarios aunque los utilice como modo de parecer inteligente. ¿Pero quién es inteligente al usar palabras y frases que disfrazan realidades convirtiéndolas en situaciones llevaderas y escasas de conflicto? No lo sé, pero tengo rabia. Contenida como nunca dentro de mis venas, recorriendo mi cuerpo sin poder salir de él. De verdad quisiera cortarme y sangrar para liberar presión. Sangre convertida en vapor, un vapor rojo que pinte las paredes como un asqueroso graffiti de rapero de esquina marginal. Pintura sin forma, sólo por rayar o manchar de ardor las paredes de mis necesidades y realidades que sofocan mi salida hacia una vida alterna, no sé si más furiosa, no sé si más pacífica. No sé si más vida o más muerte o más conciencia o menos inconciencia. No sé cómo le llamas tú a eso, ni sé como yo le llamo.
No lo sé… son vagos pensamientos de una mente vaga y floja, lánguida de tantos coitos y abusos mentales. Sabremos, sí, sabremos cuando la muerte nos visite. Cuando la muerte nos abrigue con su frío y rígido abrazo. Entonces lameré los huesos de sus costillas y le diré: “Maldita muerte, ¿Por qué no me visitaste antes? ¿Por qué me dejaste esperando tantos años para oler tu putrefacto aroma?
Lloraré sobre ella, pero no por tristeza, sino por felicidad, por el despertar de este sueño que ha durado más de cuatro décadas. La abrazaré, la besaré, meteré mis manos entre sus piernas, me desnudaré y la penetraré. Al fin y al cabo ella es la mujer que más he deseado.

lunes 13 de octubre de 2008

Ramiro

Se había pasado la noche en vela abrazando el vacío que dejó la única mujer que amó de verdad en toda su desgraciada vida. Ese lunes se levantó temprano a trabajar… no había mucho ánimo. ¿Cómo iba a tener intenciones si quiera de levantarse si su único aliciente para ser una mejor persona lo había abandonado por otro hombre? Ok, el otro tenía una mejor situación económica, un trabajo estable y bien remunerado, casa propia, auto y todas las comodidades que él no le podía ofrecer. "Yo sólo soy un auxiliar en la oficina", trataba de consolarse. Así el romanticismo se convertía en pragmatismo y sólo de esta forma se podía explicar esta tragedia de forma menos dolorosa, de forma lógica.
Esa mañana hacía muchísimo frío. Se puso una toalla en la cintura, unas zapatillas viejas y tomó un par de calzoncillos limpios y nuevamente miró hacia su cama. La amargura se apuró en envenenarlo una vez más porque aún parece estar marcada en las sábanas la silueta de la mujer que lo abandonó hace un tiempo atrás. No pudo soportar la tristeza matutina y se sentó sobre su cama, apoyó sus codos sobre las rodillas, puso sus manos alrededor de su cara como tratando de arrancarse la piel y lloró inconsolablemente por varios minutos, lloró por su presencia invisible, lloró por su voz muda y lloró porque su aroma se había perdido para siempre. Definitivamente aún no puede superar ese abandono.
Se dirigió apesadumbrado al baño mientras sus lágrimas brotaban con descontrol para dar contra el suelo, abrió el agua de la ducha y esperó que el agua se calentara, metió su delgado y triste cuerpo a la tina y esperó estérilmente que el agua se llevara su desdicha. Echó champú en su cabello y lo frotó suavemente, muy suavemente, ya hace un tiempo que la alopecia se había apoderado de su cabeza y más de medio centenar de cabellos quedaban en sus manos cada vez que se daba un baño.
Los eventos normales se transforman en crueldades del destino cuando el pesimismo posee a un ser humano. No pasaron más de cinco minutos y se cortó el gas. Ramiro no podía creer que le ocurriera. Su frágil cuerpo se quebrantaba y las gélidas gotas de agua parecían agujas enterrándose en su piel. Salió de la tina en cuanto hubo sacado toda la espuma de su cuerpo. Se recriminó por no haber pagado la cuenta, pero ¿quién puede estar preocupado de los gastos cuando el alma está sangrando?
Había pasado casi todo el fin de semana acostado, casi sin comer, solo, triste, queriendo morir, pidiéndole a su dios que lo llevara a su reino de forma indolora e inconciente. Pero su dios no era tan benevolente y quería que sufriera. Miró su rostro en el espejo y una oscura e incipiente barba demacraba su rostro. No puedo presentarme a trabajar así, pensó. Y en realidad tenía razón. Su jefe era un ser despreciable, un desalmado. Cada vez que lo veía lo humillaba, le gritaba en frente de todos. No le importaba que Ramiro estuviese pasando por una depresión, es más, prefería despedirlo antes que soportar verle la cara otro día más. Tenía que afeitarse si no quería estar peor. Su mala estrella continuaba; se dio cuenta que el tubo de su crema de afeitar tenía sólo aire y las hojas de su máquina de afeitar tenían menos filo que una cuchara. Aún así lo intentó, pero no hubo caso. Agua fría, sin espuma y hojas sin filo… mala mezcla.
La tristeza comenzó a convertirse en furia y mirando su reflejo mal afeitado golpeó con su mano el espejo y una mancha de sangre quedó grabada en el espejo. Miró su mano y varias astillas de vidrio estaban incrustadas en su carne. Al levantar su mirada vio que su rostro no tenía facciones, sólo era un óvalo de piel sin ojos, nariz ni boca. La impresión lo empujó hacia atrás y cayó tocando su rostro, pero todo se sentía normal. Cuando quiso mirarse nuevamente en el espejo vio como cientos de insectos y alimañas salían de la rotura del cristal. Corrió desnudo preso de la locura, las paredes de su casa se torcían como queriendo atraparlo, entró a su habitación y todo estaba en extraña calma, tomó su cinturón, un pantalón y salió de su pieza… lento… temeroso... y nada… todo calmo, todo normal.
Ramiro… Ramiro… Ramiro…, se esuchó en toda la casa, no era voz de hombre ni de mujer. Las puertas se abrieron con fuerza una y otra vez, las sombras se convirtieron en siluetas y comenzaron a acercarse al perturbado hombre.
Ramiro tomó su cinturón, lo colgó del marco de la puerta de su habitación y lo amarró firmemente a su cuello con la intención de terminar con su vida. Cuando maldecía a su insensible dios, sintió dos mordeduras en su mal afeitado rostro, la lógica lo abandonó por completo cuando se percató que su cinturón se había convertido en una venenosa cobra. Trató de sacudírsela del cuello pero no pudo y la serpiente desencajó sus mandíbulas para engullirle la cabeza. Ramiro corría por su hogar desnudo, esquivando las sombras que lo acechaban y tropezándose con todo. La desesperación y la demencia le hicieron perder todo indicio de pudor y corrió desnudo hacia la calle, pero ya no había calle, sólo un negro mar furioso tratando de tragárselo. Una ola sobre otra tratando de sofocar la vida del hombre, una ola tras otra tratando de arrebatarle el alma… Desesperación… dolor… miedo… agonía… maldito dios, ¿por qué ríes de mi desgracia?… maldita vida…

Ramiro despertó y se incorporó rápidamente. Aún la adrenalina corría por su cuerpo. Comenzó a ladrar furiosamente, ladraba a las sombras, al viento, incluso hasta a su cola.
Está bien, Ramiro es un perro, pero aún así a ningún perro le gusta soñar que es humano, a ninguno le gusta tener pesadillas. Ni a nosotros. ¿Cierto?

martes 30 de septiembre de 2008

Pantalón a media raja


Está bien. Lo reconozco, mi ausencia ha sido provocada por el mal necesario de cada sociedad: El trabajo. No. No soy un flojo. Me gusta trabajar, pero cuando ya no tengo tiempo para dedicarle a otras cosas me siento frustrado. Puede que las otrora malditas jornadas de insomnio me daban cabida enorme a desarrollar algún tema de forma abstracta, pensar harto, fumar mucho. Pero ahora parece que sólo fumo, porque casi no pienso, o eso es lo que creo. Puede ser que piense que no he pensado, pero al hacer eso ya estoy pensando. Ridículo. Puede que piense que esto no tiene relación en lo uno con lo otro, pero sigo pensando. Lo que no hago es pensar en forma libre y creativa.
Banalidades, banalidades y más banalidades. Necesito esto, lo compro. No tengo que pensar mucho. Tengo la plata y lo hago. Trabajar y trabajar. Tampoco hay que pensar mucho, a parte de querer terminar luego la pega y que quede bien, pero eso no es pensar, eso es instinto… no sé si tan instinto. No creo que el perro piense que debe comer su última comida de la noche. Cazar a un gato o un ratón, un pájaro que pilló volando bajo. El perro come solamente, no sabe si es la última de la noche o la primera de la mañana, tampoco se acuerda si hace veinte minutos se zampó una olla repleta de comida, sólo come, asegura su vida y su existencia sin medir contemplaciones estúpidas. No sé… quiero justificar que no pienso y que sólo actúo, pero aún así pienso, por eso repudio mis bajones. Por lo menos eso creo. La respuesta es que antes veía todo. Observaba mi entorno. Ahora sólo paso rápido. Me sobrepasan las presiones. Tener que ser creativo cuando la única imagen que tengo en la mente es un montón de mierda con un par de moscas parándose en él o sobrevolándolo. ¡Qué asco! En realidad es mentira. Sólo tengo un gran blanco. Pesado, uniforme y contundente y que no me está dejando hacer lo quiero. ¿O no lo quiero? Sí, sí lo quiero. Pero no me lo puedo. O sea, me lo puedo, pero me está costando sangre y neuronas.
Debe ser que odio presionarme a hacer las cosas bien, y en este caso no hay diferencias. Incluso me huele hasta a vanidad mediocre y pestilente.

No. No quiero eso. Ni con mucho talento la vanidad se convierte en una virtud.

Pensamientos, pensamientos…

Hablando de pensamientos, hace unos días atrás conocí a un tipo muy simpático, agradable. Comenzamos a hablar acerca de nuestros trabajos, de la vida, de esto y lo otro, pero a medida que la botella de ron desaparecía para mezclarse con coca cola e ir a parar directamente a nuestra sangre, la conversación pasó a temas más peliagudos. Religión y política. Por la puta… siempre caigo en la misma estupidez.
El hombre era muy creyente y yo un abierto enemigo del libro negro con una cruz en la portada y de todos sus profetas. No es que no crea en algún dios, le dije, sólo que no creo en el tuyo ni en el de los musulmanes, ni en el de los chinos, judíos y miles de etcéteras más.
Me habló de la fe y la conveniente definición de esa corta palabra. Es re papa… la creencia de lo que no se ve ni se palpa… o algo así. Blah, blah. Te piden lo imposible.
Nada más complicado que creer en un ser todopoderoso que piensa que no somos buenos pero tenemos que serlo, todo esto reducido en diez mandamientos que fueron escritos en piedra en un monte donde no había nadie más que una persona ¿Por qué no delante de todo el pueblo? ¿Por qué en secreto?
El arca del pacto nunca fue encontrada, tampoco el barco de Noé, la explicación… dios la escondió de nosotros. La lista es innumerable; Torre de Babel. Diluvios, Sodoma y Gomorra, Jesús, la virgen… uuuff… ¿Cuál es el común denominador? No existe vestigio ni prueba alguna de ninguno de estos eventos. Nuestra obligación es creer, si no, eres agnóstico, ateo o escéptico y te encasillan. Ahí es donde entra la fe, en creer lo que te dicen de forma irracional
Ya que te quieran vender un seguro es complicado… te venden algo intangible, estás pagando por algo que no puedes ver ni palpar ni usar hasta que pase algo. No es como un computador o un auto o una casa, cosas que sí puedo usar, ver y tocar. Así mismo es mi tema con la vida eterna y esas mentiras que se dicen para poder dormir tranquilos y pensar inocentemente en que el obrar bien te traerá una dádiva. Es por eso mismo que me considero mejor que los religiosos, porque actúo de buena forma. No robo, ni mato, no cometo adulterio, etcétera, porque lo hago con compromiso, sin que haya un regalo de por medio. Sólo porque es mi deber para con la humanidad y la simbiosis que pregono.
De diez “herejes” que agonizan deben ser ocho o nueve los que reconocen los dogmas de la fe y se arrepienten de su pensamiento en sus últimas horas, y no es un arrepentimiento de corazón, sino que es un acto de atrición. La reacción normal de una persona que se retracta de sus "pecados" sólo porque tiene una pistola apuntando directamente a su cabeza
Su respuesta a todos mis pensamientos fue de lo más increíble. Me dijo: Sabes… hay un médico famoso… no recuerdo su nombre, pero es cirujano y neurólogo… famosísimo… un hombre de ciencias, un hombre de poca fe y muchos datos y en una conferencia dijo lo siguiente: "Antes yo era agnóstico, ahora soy creyente en dios, porque he operado muchos cerebros, donde está el conocimiento de la humanidad, y saben… no vi ningún pensamiento, pero están ahí…"
………
………………
………………………
………………………………
Hoy camino a mi trabajo vi a un tipo que estaba arreglando la reja de su casa o algo por el estilo. Estaba agachado tipo pollitos pastando. O sea, piernas semiabiertas pero perpendiculares al suelo. Típico blullín talla 52, y no era poquemón. El pantalón a media raja, incluso creo, sin exagerar, que era a tres cuartos de raja, por poco me saludaba su ojete. Poto rojo y peludo, la rajadura blanca y sudada, pantalones sucios. Puedo concluir que hay imágenes que quedan para toda la vida, pero, que de seguro, ésta la quiero olvidar.
Me puse a pensar en los estereotipos odiosos y me pregunté lo siguiente: ¿Los obreros de la construcción, carpinteros, maestros chasquillas, mecánicos, etcétera, no podrán hacer bien su trabajo sin la raja al aire? ¿Perjudicará el trabajo de algún exigente asesor de imagen ? ¿Un acto de rebeldía silente con respecto a sus salarios y/o beneficios sociales? ¿Será una normativa de su sindicato?
Salud, compadre, buena onda –le dije.
Preferí terminar la conversación así.

martes 2 de septiembre de 2008

Para antes de dormir (no es cadena, a mí me resultó)



La Santa Iglesia me dijo:
Vete y no peques más.
El pobre de Dios es hijo
Vive con humildad.

¿Para qué el dinero fatuo.
Si de amor has de vivir?
Para qué gastar en cosas
Si todos vamos a morir.

Honra a tu padre y a tu madre.
No mentirás, no matarás.
Aléjate, necio, del pecado.
Si el fuego eterno quieres eludir.

El mundo y su riqueza.
Vergüenza universal
Cómo tanta opulencia
Sin atisbo de equidad.

Continente de carencias
Tiene hambre y tiene sed
Las barrigas inflamadas
Su destino es perecer.

Cuánto pecado cometiste
En nombre del Señor.
Cuántas muertes provocaste
Para conseguir la redención

Cómo no te da vergüenza
Cubrir tu cuerpo de sedas
Y con tu oro como adorno
Adornar vuestra opulencia

De mi alma perturbada
Una lágrima afloró
De ver tanta indolencia
Mi respuesta siempre es esta:

Iglesia de mierda
Puedes irte a la cresta
Puta que me has hueveado
Ya me tienes las bolas llenas.

Cura Tato, cura Ramón
Háganme un mamón
Dejen a los niños
Apliquen su candado chino.

Si esto es pecado
Y no puedo ir al cielo
Prefiero irme al infierno
Que tapar nalgas y rabo.

Por último iglesia hereje
Date cuenta y reacciona
A quienes no somos tontos
Agárranos la goma.
.
Para ti esta oración
Esta ofrenda del dedo del medio
Me arrepiento de haberte conocido
Te rezo un Pato Yáñez
.
Este es un sentido homenaje a Delfín, La Tigresa del Oriente, Flor del Huaraz, Gringo Carl (poto con pecas) y a todos quienes no tenemos idea de lo que es una rima, métrica o ritmo

jueves 21 de agosto de 2008

Da lo mismo quien... (o qué importa)

- ¿Cuántas veces se puede repetir la tristeza por el mismo evento considerando los mismos estímulos, las mismas personas pero en etapas diferentes de la vida? ¿Cuántas veces puedo cuestionar estrategias y consecuencias de la reacción que causa cualquier acción involuntaria o premeditada y, más aún, sopesar el impacto que tendrá en mi vida ya sea pasada como futura? ¿Cuántas veces puedo rebelarme ante la mentira o la ignorancia?
- Las veces que quieras, pero recuerda que mi paciencia tiene límites.
- Así como tu supuesta perfección.
- ¿A qué te refieres?
- ¿Cómo puedes ser perfecto si creaste un mundo con la falencia latente?
- ¿Falencia latente? ¿Me estas hablando de fallas? ¿A qué fallas te refieres?
- ¿Cómo que a qué fallas? Escucha, oh, padre mío. Este mundo está lleno de fallas. Nadie pidió llegar al mundo para ser sometido a pruebas o tener que vivir rodeado de enfermedades, fragilidad y muerte.
- Pero esto es mi regalo de vida que otorgo al ser humano. Hacer cosas por el avance, la comprensión, la humanidad. Desde un punto de vista teocéntrico, por supuesto. Se hace un llamado a ser buenos, a obrar con santidad en un mundo pecaminoso. Sólo así el hombre logrará la vida eterna.
- ¿O si no…?
- ¿A qué te refieres?
- O si no qué, poh…
- Bueno, tú sabes. La paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna.
- No estoy conforme, para nada.
- Eres un malagradecido.
- ¿Mal agradecido por qué?
- ¿Cómo? ¿Acaso no agradeces el precioso regalo de la vida?
- Explícame qué es la vida sino el estar muriendo con cada día que pasa. No entiendo tu conformismo como consecuencia en la raza humana. ¿No te parece injusto? A eso me refiero… Actúa como dicen las escrituras y vivirás para siempre. O si no…
- ¡¿O si no qué!?
- Los envías directamente al infierno… ¡por la chucha!
- No existe el infierno. Sólo un castigo discreto al pecador.
- Da lo mismo si existe o no. Lo que realmente importa es el sometimiento a pruebas que se imponen a un ser que en primer lugar no pidió tal “privilegio”. ¿Entiendes lo que te digo?
- Satánico. Satanás invade tus pensamientos. Es él quien habla por ti.
- No. Entiende lo que te quiero decir. Estás como los pinochetistas, si no pienso como ellos, soy marxista o comunista. No una persona pensante. ¿Es que te molesta que piense por mí mismo? ¿Es un pecado eso también? Según lo que dices, seguir al pie de la letra los mandamientos es sinónimo de salvación.
- Exacto.
- Pero esos mandamientos pueden ser abolidos cuando te convenga.
- ¿Perdón?
- Sí pues, no matarás… pero “tu pueblo” es el de los más belicosos que ha existido en la tierra… o sea para ellos es “no matarás… pocas personas…” “No robarás” pero para tu gente errante el robar con cuello y corbata se ha convertido en una tradición. También debería ser “No robarás… pocas riquezas… o los recursos de un país” y así sucesivamente… no cometerás adulterio, no fornicarás… ¿Acaso los primeros hombres contaron con un cura que los casara? ¿O el incesto es lícito cuando te conviene solamente? Tu libro está lleno de incongruencias, es un libro político más que religioso, es una historia sobre mitos y leyendas, sobre milagros que ahora no se ven… ¿o el poder de revivir muertos, subir al cielo en carros de fuego, separar las aguas, etcétera, está pasado de moda?
- Mira cretino… deja de hablar estupideces… mira que nada me cuesta enviarte a la tierra para que te crucifiquen de nuevo.
- No te preocupes. La crucifixión ya no está de moda… ahora la tortura son los realitis, las teleseries del trece, la concertación y la alianza.
- ¡No! La alianza es por un país mejor. Una nación lejana al odioso comunismo y el asqueroso marxismo.
- Qué sabes tu acerca del marxismo… deletrea “marxismo”.
- Eme, A, Ere, Ce, Ce… No, no… espera… A, Eme… No, no… Eme, A, A… A… A… AAAA… ándate a la conchetumadre.
- Ya sacaste el chuncho que llevas dentro.
- No soy chuncho, soy evertoniano.
- ¿De cuándo? Nómbrame al arquero de Everton.
- Ehhh… Pelé.
- Imbécil, Pelé fue el primer hombre en pisar la luna.
- No estúpido, es arquero de Everton.
- Deletrea “estúpido”
- E, ese, pe… No, no… Ese… tu… pe i… do

Da lo mismo quién, pero de un momento a otro la violencia surgió desde las paredes del manicomio y de tanta discusión uno agarró a otro, le bajó los pantalones y comenzó a sodomizarlo. Pero no era cualquier tipo de sodomización, era una con actitud, con desplante escénico. Hay internos que dan fe de una buena técnica y hasta palmaditas en el trasero.
Ocurrió lo inevitable y un clímax seguido de una buena eyaculación dio buen termino a la tortura.
- Ohhhhh. La cagué –dice el sodomizador mirando su lánguida herramienta.
- ¿Viste? Al final igual te cagué –concluyó el sodomizado subiéndose los pantalones.

lunes 28 de julio de 2008

Bomberos y muertos


En la madrugada del 20 de agosto del año 1988 recibimos en mi casa un llamado telefónico. Mi madre nos informaba que su padre, mi abuelo, había fallecido. Luego de una larga y triste enfermedad ese hombre, ese anciano, había pasado a la otra vida. Hubiese querido ponerle tres monedas en cada ojo para que tuviera el dinero suficiente para pagarle a Caronte para cruzar el Estigia. No era muy complicado conseguirlas, pero de verdad no me daba la gana hacerlo. “Qué pésimo nieto eres” deben estar pensando mientras leen. Pero no es tan así. Se los aseguro.
Nuestra niñera nos consolaba a mí y a mi hermano, pero yo no quería consuelo, sólo quería que dejara de acariciarme y de decirme que mi abuelo estaba mejor ahora, que estaba descansando y esas cosas que se dicen cuando muere un ser amado. Sólo quería que dejara de hablarme para poder proseguir con mi sueño.

Al año siguiente murió un bombero muy conocido. Ya era 1990 y habían pasado cuatro años de la muerte de mi abuelo y quería ir al cementerio para medir mi valor y mis emociones. También estaba la curiosidad insaciable de un niño por descubrir los tres motivos por los cuales me llamaban la atención los bomberos:
- Trabajan como voluntarios, o sea no les pagan.
- Cuando mueren, sus funerales los realizan de noche.
Esa noche no pude resolver mis dudas así que hace poco me decidí a hablar con un amigo que es sicólogo o sociólogo me explicó el porqué de estos factores y me los resumío en seis puntos.
- Son pirómanos frustrados. Es como si se le pagara a un marihuanero por ir a una quema de yerba decomisada. Les estarían haciendo un favor.
- Son morbosos. Les encanta ir a accidentes vehiculares, ver los cuerpos reventados. Sacarles fotos mostrárselas a todos sus amigos y agrandar la historia para provocar el shock en cada convivencia o reunión social.
- Estos tres motivos son una vergüenza, por eso esperan la oscuridad de la noche para meterlos bajo tierra.
La curiosidad me llevó a seguir el cortejo fúnebre de este abnegado (¿?) funcionario y llegar al campo santo cuando la penumbra reinaba y los seres del averno salen a pasear y estirar sus rígidas extremidades.
El funeral estuvo emotivo pero también aburrido, así que sin meditarlo mucho me hice el valor para realizar un paseo nocturno por el cementerio. El itinerario se dividía en tres partes: La tumba de mi amigo de infancia y el nicho de Segundo Ahumada, mi abuelo.
Después de haber estado un rato mirando estúpidamente la tumba de mi amigo Andrés (digo estúpidamente porque pensé que mi emotividad iba a dar pie a un diálogo con un montón de huesos y cenizas), me dirigí directamente al nicho donde estaban los restos de mi “querido” abuelo. La noche estaba heladísima.
Les juro que con cada paso que daba mi determinación iba desapareciendo. A los cinco minutos de caminata cualquier indicio de valor que hube tenido se había extinguido.
Cuando llegué al nicho repasé con milimétrica precisión el velatorio ocurrido hace cinco años atrás. Mi memoria dio vueltas y volví a sentir esa amargura que me hizo derramar lágrimas ante la muerte de ese desalmado anciano. Impotencia, rencor, dolor, tristeza, ira y lástima; siete emociones que hasta el día de hoy me marean. También recordé los tres motivos que me hicieron llorar esa jornada:
- Lloré por no haber tenido el valor suficiente para decirle lo que pensaba de él cuando estaba vivo.
- Lloré porque nunca entendí la razón de su desprecio hacia mi persona.
- Lloré por el eterno vejamen de un hombre viejo hacia un niño que no tenía idea de lo bueno o lo malo.
- Lloré porque cada vez que mi madre me obligaba a visitarlo en vez de decirme “hola” me decía “ya llegó la niñita”.
En ese momento de triste reflexión y con un temor por lo sobrenatural es que ocurrió lo esperadamente inesperado: Alguien estaba detrás de mí y hedía a miles de cadáveres. No voy a negar que me oriné en el acto, incluso puedo reconocer que casi me cago.
Me di vueltas con mi pantalón mojado que ya empezaba a ponerse frío y ahí estaba mi abuelo. Lo que presencié es digno de una pelicula gore. Con su mano izquierda sostenía su brazo derecho desde el hombro, como dos brazos en uno, le faltaba un ojo que lo sostenía firmemente con su mano que tenía desocupada y que llegaba hasta el suelo y de su cuenca ocular salía una gran lombriz cuya cola asomaba por la boca que no tenía el maxilar inferior.
Me quedé paralizado al ver a mi abuelo zombie mutilado por la mortalidad. Todo se veía como en cámara lenta y logré ver sobre su hombro cómo el cortejo fúnebre se retiraba del cementerio.
Cuando nuevamente posé la mirada en el muerto viviente ya había acomodado su brazo derecho en su lugar y hurgaba en el bolsillo de su vestón hecho a medida para encontrar el mentón y toda su corrida de dientes y molares para poder encajarlo nuevamente en su cráneo.
Me armé de valor y le pregunté con un grito de temor y angustia, casi como enfrentándome al mismísimo Belcebú.
- ¡¿Por qué nunca me quisiste viejo de mierda?! ¿Te acuerdas de mis hermanos? María y Enrique… a ellos siempre los quisiste… tu cariño escaso siempre fue para ellos tres, nunca para mí. Reclamé teniendo siempre presente que si no me apuraba iba a quedarme toda la noche en ese terreno de los muertos
- Mira niñita –me dijo modulando monstruosamente- Siempre te odié porque…
No alcanzó a decir más porque su maxilar cayó nuevamente al suelo y cuando se agachó a recogerlo me hice de valor y corrí, corrí con toda mi fuerza y veía con impotencia como salían los últimos parroquianos del recinto. “Espérenme… no se vayan… no cierren, por favor”, grité como una verdadera niñita.
En eso escucho una voz de ultratumba que resonó en todo el cementerio: “Pendejo de mierda, ¿Sabes por qué siempre te odié? Porque detesto a la gente que no sabe contar”.
Menos mal que cuando llegué a la puerta todavía había un par de viejas fumando antes de subirse al minibus. Por suerte.

jueves 17 de julio de 2008

La venganza

Quien pueda amar, también puede odiar. Ese es mi postulado. O sea, sin dios no hay demonio o algo parecido. En mi caso puedo decir que aprendí a odiar antes que a amar.

Al frente de mi casa vive un tipo. Es un croata que huyó de las múltiples guerras que deformaron su país. Es alto, corpulento, mal educado, desagradable, sin respeto y violento. Cuando yo era niño me hizo pasar infinidades de sustos. Me amenazó con pegarme; más de alguna vez me tomó del pecho y me sacudió con fuerza. Lo odio, siempre lo he hecho. Pero esta noche he de concretar mi venganza.
Mi casa tiene dos pisos, en el segundo nivel está mi habitación, tiene un ventanal en el frontis y una ventana más pequeña en su lado izquierdo. Esa tenía una hermosa vista al mar que lamentablemente fue tapada por un condominio de departamentos. La otra da directo a la casa de ese imbécil y ahí estoy parado tras la cortina observando cada uno de sus movimientos. Está sentado solo en una mesa bebiendo café y comiendo pan. Nadie lo acompaña, porque todos lo odian.
Bajo corriendo las escaleras y tomo un rifle que descansaba en el costado de la biblioteca. Mi casa luce muy extraña. Es mi casa, puede ser que la iluminación o el reacomodo de algunos muebles me provoquen esa sensación. Me dirijo raudo hacia el patio trasero, tomo una buena posición en decúbito abdominal y apunto. Los nervios no dejan que la mirilla se fije en mi objetivo, así que me calmo y respiro hondo. Mantengo la respiración y aprieto el gatillo dando de lleno en un ventanal que cae en pedazos. El siguiente tiro da sobre la madera. El tercer y definitivo da directamente en el blanco: Un hermoso vitral traído de Croacia que por años adornó el pórtico y era orgullo de ese cobarde ogro.
Me levanto apresurado y agradecido de no haber herido a algún inocente que se cruzase en mi línea de fuego. Estúpidamente dejo el rifle tirado en el patio y entro a la casa y me dispongo a observar. La gente se reúne para ver el estado en que quedó la casa después del tiroteo. Mirko gritaba de furia “Voy a matar al hijo de puta que lo hizo” “Voy a quemar su casa”, bla bla blá. Una tonelada de estupideces que dice la gente cuando está iracunda. A pesar de mis nervios me sonrío con satisfacción.
Al cabo de un tiempo llega un hombre, toma del brazo al croata y lo mete nuevamente al ante jardín y los pierdo de vista. Para tener una mejor visión de lo que acontece, vuelvo a mi habitación y ocurre lo inesperado, el recién llegado apunta hacia mi casa y le informa que desde ahí salieron los disparos. Mi sonrisa desaparece completamente y mi rostro se desfigura de angustia. Quizás un dejo de aquel miedo que fue sembrado en mi infancia.
Mirko entra a su residencia y sale cargando un revólver, cruza la calle y abre la puerta de la reja y se desplaza con cuidado pegado al ala izquierda de mi hogar. Me cambio de ventana y no veo los edificios, pero sí puedo apreciar un negro mar que se ondula amenazante. El hombre se mueve lento y con cautela. Recuerdo que dejé el rifle tirado en el patio trasero y eso significa tres cosas:
Uno: Va a quedar en real evidencia de dónde salieron los tiros.
Segundo: Mirko quedará doblemente armado.
Tercero: Voy a morir.
Rápidamente abro el cajón de mi mesa de noche y tomo una afilada daga que estaba debajo de un libro. Nuevamente bajo las escaleras y espero que la oscuridad de la noche me acompañe. Esta vez salgo por el frente tratando de no hacer ningún ruido y atacar a mi adversario por la retaguardia. Me muevo cual sombra, más sigiloso y rápido que él.
Nunca se percató cuando le di alcance. Tenía el rifle en su mano y le escuché decir: “Voy a matar a todos en esta casa”.
Con mi mano izquierda lo tomo del pelo y paso mi mano derecha y la daga por sobre su hombro y cerceno su garganta. Suelta el revólver y el rifle. Con sus manos trata de contener la sangre que brota como catarata y escurre por su pecho hasta el suelo. Cae pesadamente sobre sus rodillas y lo empujo para que finalmente quede tendido en el piso.
Me acerco y escucho el sonido grotesco y gutural de su afán por mantener la vida. “¿Quién terminó cagado, imbécil?” le pregunto burlonamente. La respuesta es el mismo sonido de antes algo más intenso probablemente. Trata de asirse a mi pie y yo miro hacia el cielo negro inmutable. Al ver que su vida aún no se extinguía, tomé el rifle y comencé a propinarle furiosos culatazos en el cráneo mientras mi inexpresiva sonrisa se manchaba de sangre. Los huesos se desbarataron y la masa amarillenta de sus sesos por primera vez sintió el frío de la noche. Ningún pedazo de hueso quedó más grande que el tamaño de una uña.
Tomé el único ojo que quedó intacto y lo apunté hacia el cuerpo inerte. “¿Puedes ver lo que pasa si te metes conmigo?”, pregunté rebosante de sarcasmo. No hubo respuesta. Y ahí estuve algunos minutos mirando mi venganza, mi obra maestra.
No sentí asco ni arrepentimiento, sólo satisfacción. Pero esa sensación no duró mucho, porque a lo lejos escuché las sirenas de la policía y ahora debía huir. Corrí riendo con locura. Salté los muros que dividían las casas y pensé en llegar hasta un arenal que estaba en las proximidades y buscar un refugio en él. La sorpresa es enorme ya que no estoy corriendo por los cerros de arena a los que estaba acostumbrado, sino que corro sobre roca sólida y estoy a una altura enorme, pero aún así corro por mi libertad. Mi huida es frenética y la locura me amenaza porque hace unos minutos era de noche y ahora parece media tarde. La roca comienza desintegrarse bajo mis pies y mis pasos son cada vez más erráticos y es en eso que caigo a un enorme precipicio cuyo fondo no puedo distinguir con mis ojos. La fuerza de gravedad me solicita con una fuerza ridícula, como si de un momento a otro pesara miles de kilos, como si estuviera siendo succionado por un hoyo negro. El final se aproxima con rapidez espeluznante y ya puedo ver el fondo. Mi vida da sus últimos giros. Mi escasa cordura grita un prolongado NOOOOOOOOOOOOO.
.
Antes del golpe me veo sentado en mi cama, bañado en un sudor frío y respirando agitadamente.
Mi habitación está en penumbras, silencio y tranquilidad.
Prendo la luz de mi mesita de noche, abro el cajón y tomo un libro. Ahí nunca hubo una daga y en mi casa jamás existió un rifle.
Qué ironía -pienso mientras busco en el libro la página para continuar con mi lectura- este imbécil está durmiendo tan profundamente que debe haber dejado escapar un par de sonoros y malolientes pedos mientras yo aún sueño con mi venganza.

miércoles 9 de julio de 2008

El pragmático (o el afiebrado)

En algún momento tuve la impresión que fue un martes… quizás un miércoles. Da lo mismo. El caso es que fue en la tarde… o en la mañana... Quizás fue en la noche pero nunca en la mañana, no suelo levantarme muy temprano cuando estoy de vacaciones. Bueno el tema es que fue hace cuatro o cinco años, pero… a ver… hace seis años que trabajo y lo que te quiero decir ocurrió cuando estaba en la universidad, lo que me pone en un aprieto aún más grande ya que fue un proceso que duró poco más de cinco años, aunque estoy positivamente seguro que tiene que haber ocurrido en tercer o cuarto año… ¿o fue en segundo? Me complica esto del tiempo, no sé medirlo ni cuantificarlo. Me siento como si estuviera con una brújula parado justo en medio del polo norte. ¿Hacia dónde apuntaría la aguja? O sea, si estoy parado justo en el centro magnético y avanzo unos pasos, la brújula me indicaría el norte hacia donde anteriormente me marcaba el sur. O para poner un ejemplo menos complicado es como hacer un hoyo recto trazando el radio perfecto de la tierra –y obviamente olvidándome de las rocas ardientes y/o el infierno- ¿En qué punto quedaría vuelto de cabeza? Sería pasando el medio ¿no? Y el centro ¿Qué es aparte de sólo confusión?
Déjame plantearte esto desde un punto de vista más universal, considerando la inmensidad y comparando nuestro globo terráqueo con los grandes planetas de nuestro sistema solar, incluso con el sol. Somos un mundo enano insertado en un firmamento infinito; nuestra Tierra y nuestra galaxia, quedan convertidos en polvo cósmico comparado con los cuerpos celestes de tamaños colosales. Imagínate en qué calidad queda el ser humano que para viajar de Santiago a Estocolmo se demora veinticuatro horas en avión. Imagínate lo insignificantes que somos. Y esa es la insignificancia que nos obliga a creer en un dios o en varios. Aferrarnos a una religión que nos permita ser algo más que simple carne moribunda que pronto será cenizas que el viento distribuirá a su antojo para convertirnos en nada. Ni siquiera somos una célula muerta del universo. No. Ni eso somos. Y el ser humano se cree grande, poderoso. Masacran a los más débiles por gusto. Y qué hace más fuerte o más débil a un hombre. No es sólo el dinero. No es el intelecto. Es la ambición de querer ser dueños de este miserable planeta y la política y evidentemente el dinero aunque haya dicho que no hace un rato. El ser humano se quiere adueñar del tiempo, del espacio, de la ciencia, de los miedos, de la vida, de la muerte y de los sentimientos. Y en su estúpida creencia que se convierte en la más notable de las ignorancias inocentes es que se siente poderoso. Grande. Importante. Así como tú.
¿Quién te crees que eres para exigirme que me acuerde del día en que te pedí matrimonio?

martes 1 de julio de 2008

Sólo de fútbol vive el hombre


Desde mi más tierna infancia mi mayor sueño fue jugar fútbol. No en un equipo de barrio ni con los amigos después el trabajo. Nada de eso: YO QUERIA SER FUTBOLISTA DE PROFESION.
Siempre anhelé ingresar a la cancha y sentir la ovación del público gritando los colores de mi escuadra. Tocar el pasto, entrar corriendo y hacer el signo de la cruz, alzar los brazos y quedarme ciego de tantos flashes que arrebatan en un milisegundo mi imagen para ser recuerdo de grandes y pequeños fanáticos. Presentir que el estadio se va a venir abajo de tanta pasión y alegría
Mi percepción del tiempo se dobla y recién comienzo. Parece que ayer di las primeras patadas a ese balón que me regaló mi padre cuando cumplí los seis años. Hoy que me doy cuenta de que el sacrificio -a veces- recompensa. Tanto esfuerzo y sudor, tanto entrenamiento y abandono. Vi salir el sol mientras entrenaba y presencié cómo se escondía mientras practicaba tiros libres. Me ejercité durante años. Renuncié a mis estudios tan sólo para lograr mi sueño.
Mi corazón está cubierto de incontables cicatrices por tantas desilusiones amorosas, nadie comprendió la pasión que sentía al ver rodar un balón por el pasto. Entrené de lunes a lunes, de sol a sol infatigablemente por mi sueño por más de una década. Nunca me di por vencido y ninguna de mis compañeras de amores aguantó ese ritmo frenético por hacer tangible mi deseo.
Después de tanto tiempo hoy vivo mi sueño. Hoy debuto y escucho el grito de ochenta mil gargantas unirse en un único pero estridente canto. Pero sé que este canto no es tan sólo para mí, es para el equipo, el equipo de mis amores.Veo las bengalas y en mi pecho retumba el compás del bombo dando el pulso a la fanfarria. Miles de papeles multicolores caen al césped y yo en él, posando para la foto que me convertirá en un inmortal. El himno nacional me hace llorar de júbilo y orgullo.
Nadie nunca me apoyó, todos me decía que me retirara, que estudiara, que el fútbol no era mi futuro. No tienes cuerpo, no tienes técnica, no sabes dar pases. Llevas diez años entrenando y aún no das con la red. Jamás has hecho un gol. No sabes driblear. No dominas el balón. Que esto y que lo otro.

Parece que todos tenían razón, menos yo. Nunca hice un gol ni pude eludir a un contrincante. Pero, aún así, hoy debuto: Sépanlo bien, mi nombre es Marcos Sánchez y soy la mascota del equipo.

Dedicado a mi y a todos los que alguna vez quisieron ser buenos pa’ la pelota y nunca lo lograron

jueves 26 de junio de 2008

El escéptico


Mi hogar es un castillo hermoso cubierto con una verde enredadera y adornado con bellas flores. La vida ahí es apacible, un cristalino río protege su fachada y su agua genera una música hermosa. Por el día son vítores de grandeza y realeza, por la noche son cantos de sueños que cuentan la historia de las fértiles praderas que rodean el lujoso palacio.
Por las mañanas las aves cantan para despertarme y las sirvientas entran presurosas a atenderme en todas mis necesidades.
Nuestra opulencia es tanta que hacemos tres o cuatro festines por semana. Toda la nobleza danza el ritmo de los músicos de palacio. Todos bailan esperando a que haga ingreso al salón la princesa. Cuando entro, la música se torna suave y mis delicados pasos son acompañados por reverencias de hombres y mujeres. Mi belleza es deseada por hombres y envidiada por las mujeres. “Dios salve a la princesa”, me dice un viejo conde.
Mi amado príncipe se levanta de su trono a recibirme, toma suavemente mi mano y nos sentamos. La música vuelve a llenar la sala y los bailes continúan.

La guerra nos sobrevino como la peste negra. Sin esperarla se deja caer sobre nuestra querida tierra. Mi amante príncipe sale en campaña de guerra liderando a sus fieles súbditos. Charles jamás permitirá que el yugo extranjero se apodere de la apacibilidad de un reino construido en las bases del amor.
Aciaga noticia ha llegado a mi mano por carta. Charles, el amor de mi vida, poseedor de mi cuerpo, alma y corazón ha caído en combate. El tiempo entregará nuestra pacífica provincia a la dura mano invasora.

El negro sentimiento se apodera de mi alma y me entrego a los espíritus de la tierra. Les ofrendo animales en sacrificio y elevo plegarias a sus oscuros nombres.
“Bruja. Hechicera. Hereje” me gritan quienes antes me bendecían. “A la hoguera. Quemad la maldad” se oye decir entre la multitud. Lloro. Derramo lágrimas por lo perdido. Por la extinta paz, por la seca hermosura, por mi príncipe descomponiéndose en cenizas en un campo de batalla olvidado.

El fuego comienza a subir por el madero al cual estoy atada. El dolor es insoportable. Mi piel comienza a desprenderse y mis gritos se ahogan a medida que el fuego aumenta. Entre las llamas veo a mis verdugos, y los maldigo.
¡NO! ¡NOOOOOOOO!!!!! ¡Malditos vosotros y vuestra simiente! ¡Malditos vuestros hijos y vuestras tierras!

- Cuando diga diez va a despertar lentamente. Uno… dos… tres… cuatro… cinco… seis… siete… ocho… nueve… … diez. Despierte. Está todo bien. Descanse en el diván y despéjese el rostro -dijo el flemático hombre al tiempo que le entregaba un pañuelo desechable a la mujer para que se sonara los mocos.
- Gracias doctor, ya me siento más tranquila- dijo la regordeta mujer mientras se incorporaba en la camilla y se secaba las lágrimas de su moreno rostro.

¿Por qué mierda nadie tiene una vida pasada normal? Todos fueron guerreros o reyes, todas hermosas princesas. ¿Acaso no existían peones, caballerizos, pordioseros, leprosos, maricones o aldeanas demacradas? Princesa se cree esta vieja fea.
Y así de clarita fue la reflexión del facultativo cuando la señora Rosa Jeria abandonó su consulta.
Ilustración: No sé, pero el tipo es seco

viernes 20 de junio de 2008

WAR!!!!!!!!

- ¿Alguna vez corriste por salvar tu vida? ¿Alguna vez, maldito gusano, has derramado tu sangre por defender los intereses territoriales? ¿Has escuchado los gritos de tus camaradas mientras son amputados? ¿Escuchaste los llantos en las noches de los jóvenes patriotas que temían no ver nunca más a sus seres queridos?
- No.
- ¿Sentiste silbar las balas rozando tu casco? ¿Viste, en tu patética vida, a un hombre envuelto en llamas corriendo con la desesperación de extinguir el fuego que le arrebata la vida? Es terrible ver el espectáculo decadente de la metamorfosis del hombre con temple de hierro y una determinación filosa como daga convertido en un malvavisco derretido en lágrimas y angustia.
- Pero…
- No me interrumpas. ¿O acaso me vas a hablar de tu heroísmo y tus proezas de combate?
- No. Sólo quería decirte….
- ¿Qué?!! ¿Qué me vas a decir? De qué me puedes hablar tú. ¿De tus estudios en la universidad mientras otros sacrifican sus vidas para que puedas hacerlo tranquilo? Calla mejor, y deja que alguien te ayude a poner tus inocentes pies sobre la tierra.
- Está bien, no te enojes… sólo…
- Sólo nada… -interrumpió Omar- tú pareces no entender.
- A qué quieres llegar con esto –pregunté molesto.
- Sólo quiero que me respondas. ¿Alguna vez corriste en la vida? ¿Sentiste silbar las balas que pegan en tu casco? ¿Has visto a un hombre lleno de llamas tratando de sofocar el fuego? ¿Has sido testigo del último suspiro de un soldado? ¿Viste el alma de alguien abandonar... el... un... cuerpo? Responde maraco pusilánime de mierda. ¿Has sentido el dolor de la cuchilla que la entierra du.. eehh.. que se hunde como en un bistec? ¿Las palpitaciones de los cor.. burp… corazones de los miles de difu.. dif… difuntos.. titos… difuntitos? Y el olor a sangre… carnicería olor de miedo….. en la guerra… de… de… esa… esa poh… la guerra… ¡¿LA HAS SENTIDO, HUÓN!?
- NO, HUEÓN. NO. ¿Y TÚ?
- Eeeehhh… en realidad… yo tampoco…
Bueno, así es Omar y así funciona su mente con unas copas de más.

Escasa ilustración: lafaln